Make your own free website on Tripod.com

Monjes, una vida de oración

PIO HEREDIA Y SUS 18 COMPAÑEROS

Home
Trapenses
San Bernardo
Beato Rafael Arnáiz Barón
Los martires del Atlas
Los mártires de la familia Löb
PIO HEREDIA Y SUS 18 COMPAÑEROS
BEATO CIPRIANO MIGUEL IWENE TANSI
BEATA MARIA GABRIELLA SAGHEDDU
PADRE ROMANO BOTTEGAL
La Oración
La oración contemplativa
Descarga de Publicaciones Monásticas
Frases célebres
Oficio Divino
Lectio Divina
Favorite Links
Contact Me

mártires de Viaceli, España

El 8 de septiembre de 1936, 38 monjes del monasterio de Viaceli, en la provincia de Santander, en España, fueron expulsados de su monasterio por agentes de la Federación de los anarquistas ibéricos. Metidos en prisión, luego fueron puestos en libertad: Algunos se dispersaron en casas privadas, otros pudieron llegar a Bilbao donde no había una persecución religiosa violenta, otros se reagruparon en Santander, formando así tres pequeñas comunidades que trataban de mantener la vida monástica de modo oculto.

Probablemente por un plan premeditado de aniquilación y a causa de una delación, el 1 de diciembre fue arrestado un grupo compuesto sólamente por hermanos conversos. La policía  marxista decía querer conocer de dónde provenían sus medios de subsistencia. Habiéndoles manifestado que era el P. Prior quien se ocupaba de ese tema, quizás así dieron pretexto a los agentes para arrestar al segundo grupo, en el que se encontraban el P. Prior y otros monjes sacerdotes.

El Prior, Padre Pío Heredia Zubía (1875-1936) no quiso manifestar en modo alguno el nombre de quien les ayudaba. Después de penosos interrogatorios y malos tratos durante el proceso instruido en la noche del 2 de diciembre, se llegó a su ejecución. El proceso fue para dar una apariencia de legalidad a la condena de los religiosos, pero en realidad todo fue por odio de la fe.

Según el testimonio de un oblato de quince años, que se encontraba con los monjes y que luego fue liberado, los religiosos fueron subidos en un camión en dos grupos separados, uno en la noche del 3 de diciembre, y el otro en la noche siguiente. De estos hermanos no se supo nada más. ¿Arrojados al mar contra las rocas del faro de Santander o conducidos en barca y hundidos en las aguas profundas de la bahía o bien fusilados cerca del cementerio de la ciudad? La primera hipótesis parece la más probable, testimoniada por alguien que lo oyó a uno de los ejecutores.

La pasión de estos doce monjes fue precedida de la de dos cohermanos que permanecieron en el monasterio. En efecto, el mismo día de la expulsión los invasores habían retenido con ellos dos sacerdotes: el secretario P. Eugenio García Pampliega (1902-1936) y el P. Vicente Pastor Garrido (1905-1936), probablemente con la esperanza de poder apropiarse del dinero de la abadía, pensando que era rica. Sin embargo sus investigaciones no dieron ningún resultado y los dos monjes, instados a apostatar, se negaron. El 21 de septiembre los anarquistas pidieron a los dos acompañarles en coche a Santander. Retardando la salida hasta adentrada ya la noche, y a unos veinte kilómetros del monasterio les mataron a golpe de pistola, abandonando los cadáveres al borde de la carretera. Encontrados al día siguiente, la gente del lugar les enterró en el cementerio de Rumoroso. Sólamente en 1940 los monjes de Viaceli exhumaron los restos y los trasladaron al monasterio, enterrándolos en el claustro de la lectura.

A estos catorce mártires, es necesario añadir otros cinco miembros de la comunidad de Viaceli, que perecieron en circunstancias diferentes, todo ellos entre julio de 1936 y mayo de 1937.

El 29 de diciembre de 1936 un converso de votos temporales, Leandro Gómez Gil (1915-1936) fue descubierto por los milicianos en una casa particular: pertenecía al grupo de monjes estudiantes y hermanos conversos que, prudentemente, se había disuelto después de la desaparición del P. Pío y de sus compañeros. La policía lo maltrató hasta el punto que, de tanto sangrar por la boca, la nariz y las orejas, una sábana fue empapada por su sangre. Declarando que era religioso, al día siguiente fue metido a la fuerza en un coche y desapareció.

Santiago Raba Río (1910-1937) profeso solemne y subdiácono, movilizado en el ejército republicano, fue descubierto como monje y amenazado de muerte. El mismo comentaba: "Yo duraré poco. Ciertamente que me matarán, dado que saben que soy religioso". En efecto, en mayo de 1937, en el frente de Vizcaya, fue encontrado muerto en una trinchera, herido de muerte en la nuca. Su hermano testimonió que el jefe de sección se había dado cuenta que "el Hermano" no se encontraba con los otros, y, buscándolo, lo encontró en oración: entonces le disparó todo el cargador de la pistola sobre su cabeza.

Un destino parecido le tocó al cohermano Ildefonso Telmo Duarte (1912-1937), profeso de votos temporales. El frente popular de Cóbreces confirmó que el joven era efectivamente religioso. Y él también lo confesó con coraje. Asignado a un batallón de disciplina, fue tratado durísimamente y el 30 de abril de 1937 uno de sus torturadores lanzó contra él una bomba de mano, matándolo del golpe.

Lorenzo Olmedo Arrieta (1888-1936) fue otro miembro de Viaceli, víctima de la persecución. Habiendo entrado de niño en San Isidoro de Dueñas, fue enviado a Viaceli, donde fue nombrado maestro de novicios y luego ecónomo. Nombrado superior de la fundación de Viaceli en Huerta (Soria), había ido al monasterio de las monjas de Brihuega, en la provincia de Guadalajara. Sorprendido allí por el estallido de la guerra, lo arrestaron, maltrataron y ultrajaron. Confesando que era religioso, lo mataron en Jadraque, probablemente el 28 de julio de 1936. Enterrado en el cementario, posteriormente fue reconocido su cadáver por un cohermano.

Habría que añadir a estos 18 mártires de Viaceli un candidato para el monasterio, quien resultó ser el primero de todos para dar su vida por Cristo: el P. José Camí Camí (1907-1936). Era sacerdote diocesano deseoso de entrar en Viaceli, donde ya había sido aceptado. Bloqueado por las hostilidades, fue convocado ante el comité del pueblo y, en la noche del 27 de julio de 1936, fue amarrado con el vicepárroco de Aytona a la parte trasera de un coche que arrancó a toda velocidad, arrastrando a los dos sacerdotes a lo largo de varios kilómetros. Llegados a un cruce, los dos tuvieron todavía la fuerza para levantarse, abrazarse y perdonar a los asesinos. Finalmente fueron fusilados y aplastados por las ruedas del coche que pasó varias veces sobre sus cuerpos. Un testigo ocular contó los detalles de la muerte a la hermana de José.

La causa de beatificación de todos estos mártires ha sido introducida y ya está avanzada.

Enter supporting content here